Albaida
El
origen de Albaida es el de ser una plaza nueva fortificada, creada durante
las campañas militares y el sitio para recuperar las villas de
Xàtiva y Biar, fue concebida como lugar de soporte logístico
a las tropas cristianas hacia mitad del S. XIII. El solar de la antigua
villa fortificada, "clos de la vila" (origen de la población
de Albaida), es ocupada hoy por la iglesia-palacio, con el huerto y
también por la plaza de la villa (plaza Segrelles).
La villa de Albaida fue dada como baronía en el S. XIII, reinando
Pedro I de Valencia a diversos señores feudales, destacando entre
ellos la familia de los Vilarut. Estos nobles no poseían residencia
fija ni estable en Albaida, más bien al contrario. Esta situación
perdura hasta el S. XV, cuando comienza la construcción del palacio
a través del cardenal Luís Juan Milá Borja. Uno
de sus hijos, Jaime Milá, heredó la baronía y se
casó con Leonor Aragó, comenzando la etapa de mayor esplendor
de la población hasta el S. XVIII, cuando los descendientes de
esta casa dejan de aparecer por Albaida.
El casco antiguo o medieval de la población se asienta sobre
un pequeño cerro rodeado por los barrancos del río Albaida
y el del Bouet. Posteriormente el núcleo poblacional se expansionará
siguiendo dos ejes, hacia el sur durante el S. XVIII y hacia poniente
hasta nuestros días.
Toda esta algarabía de calles, plazas y barrios encuentran su
punto de cohesión en la amplia plaza mayor, en la cual son adyacentes
la Iglesia y el Palacio.
Comenzaremos la visita por el “clos de la Vila”, origen
de la actual población y lugar donde se agrupan los recursos
más interesantes.
El Palacio de los Milá y Aragó, es el edificio más
emblemático de Albaida, la colocación de la primera piedra
fue llevada a cabo por D. Alonso de Milá y Aragó, conde
de Albaida, pero el responsable de su construcción fue el cardenal
Luís Juan de Milá y Borja, barón de Albaida desde
1471. Éste dejó su sello en la torre de poniente a través
de un pequeño escudo de los Milá.
La evolución estructural del palacio ha sufrido cambios a lo
largo de los años, las torres y el muro sobre el que se empezó
a edificar el palacio formaban parte de la antigua muralla que rodeaba
el núcleo urbano. La edificación construida a finales
del S. XV, se centraba alrededor de la torre poniente, posteriormente
después de la guerra de Germanías, el palacio se extiende
hacia el este, creando una construcción más o menos cuadrada,
centrada alrededor del patio de armas. El resultado es un palacio encerrado
sobre si mismo, íntimo y poco comunicado, arquitectura característica
del S. XV.
A finales del S. XVI y principios del S. XVII se alterará la
estructura de nuevo al incorporar el patio del palacio y la construcción
de una nueva iglesia. La última obra destacable se realizó
en el S. XIX para orientar la entrada principal, a la plaza mayor, centro
de todas las actuaciones de carácter público. Las partes
más destacadas del palacio son la escalera principal, el salón
del escudo, decorado con pinturas que muestran los motivos característicos
del palacio de Albaida; tallos florales, racimos de frutas, motivos
vegetales...
En
el Piso noble, lugar donde habitaban los marqueses, encontramos las
salas más notables del palacio como la sala del despacho, pequeña
y acogedora decorada con pinturas.
La sala de la música, lugar donde eran colocados los instrumentos
para las fiestas, decorada con motivos blancos sobre fondo azul, presenta
una aureola de cabezas de querubines tocando instrumentos y sosteniendo
partituras. El Salón del Trono, sala especialmente digna tanto
por la decoración como por el escudo nobiliario que lo centra.
La decoración de los muros evoca tapices limitados por espíritus
en forma de seres vivos de rostros deformes. Los colores predominantes
son el rojo, el naranja y el azul añil...
La Sala Blanca; llamada así por el pavimento original en cerámica
blanca. Además existen otras dependencias privadas para el uso
de los marqueses. Los blasones heráldicos que encontramos en
el palacio nos informan sobre los propietarios del momento. El primero
y más antiguo data del S. XV, situado al exterior debajo del
balcón de la torre de poniente y tallado en piedra, hace referencia
a las armas de los Milá.
Otro mucho más vistoso es el de la parte finalizada en 1610
perteneciente a las armas de Cristóbal II. El tercero contiene
las armas de los marqueses actuales residentes en Madrid y está
situado en el patio de armas. Los usos del palacio también han
variado a lo largo de la historia; ha sido residencia de barones, condes
y marqueses, sede del ayuntamiento (1936-39), caja de reclutas (1938)
y también prisión en la represión franquista, por
último fue la sede de la entidad benéfica “Dominical”.
Actualmente el palacio es propiedad del ayuntamiento y se encuentra
en fase de restauración. En la parte ya rehabilitada se encuentra
la sede del Museo Internacional de Marionetas de Albaida. Resalta la
vinculación muy estrecha entre el palacio y la iglesia arciprestal,
ya que son los señores de Albaida quienes invierten en la construcción
de la misma.
La Iglesia Arciprestal, comienza a construirse en el S. XVI, en el
emplazamiento que ocupaba la antigua mezquita de la población
y la posterior iglesia edificada por Jaime I hacia 1245. El actual edificio
se compone de una nave central con capillas adosadas y presenta una
línea clasicista, fruto de las reformas efectuadas en el S. XVII.
Del estilo primitivo gótico-renacentista, se conservan las herraduras
de las bóvedas.
Los elementos destacados en el interior de la iglesia son el altar
mayor, con un retablo del S. XVII reformado en 1960 por el autor local
José Segrelles, los “lunetos”, pinturas al fresco
con alegorías religiosas que ornamentan todos los arcos de la
nave central, obra del mismo autor y la pila bautismal del S. XVIII.
Del exterior destaca la presencia de dos puertas en estilo renacentista
y la austeridad decorativa de todo el conjunto. El campanario de líneas
discretas, alberga un conjunto de campanas, que todavía hoy siguen
siendo tocadas de forma manual por el gremio de campaneros. Adosada
a la iglesia se encuentra la Capilla de la Virgen del Remedio del S.
XIX, patrona de Albaida.
La
Muralla de la Villa, situada en el núcleo antiguo de la población,
data de mediados del S. XII, aunque fue reformada en los siglos XIII-XVII.
Su origen se sitúa en período almohade, cuando se dispone
la construcción de una fortificación más sólida
y emplazada en un lugar más bajo como es el “Tossal de
la Vila”. Un año más tarde (1248), Jaime I manda
construir las primeras casas en el pequeño recinto amurallado,
llamado “Clos de la Vila”, así como también
en la parte inferior del Tossal, donde se forma el “Raval Jussà”.
Hoy en día permanecen en pié cuatro torres de la primitiva
muralla, tres de ellas se corresponden con las del palacio de los Milá
y Aragó y la cuarta es la “Torre de Guaita”. De una
quinta torre sólo nos queda la base. Del resto del conjunto amurallado,
destacan dos de los tres portales existentes, parte de la Barbacana
que resguardaba el desaparecido portal de S. Cristóbal y el mirador
de la Guaita.
La Barbacana de San Cristóbal, corresponde a un tipo de edificio
con carácter defensivo urbano, integrado en las murallas del
núcleo antiguo de la población que data del S. XIII. Se
trata de una muralla de menor altura y añadida al muro de la
villa, formando una especie de balcón que se utilizaba para obstaculizar
la subida de los enemigos.
La Puerta de la Villa, puerta gótica de la muralla que combina
el arco de medio punto en la parte delantera y uno escarzado en el interior.
Formaba parte del edificio defensivo que se situaba en el núcleo
antiguo de la villa. El portal fue protagonista de acciones bélicas
que acabarían dañándolo, todavía son visibles
las marcas de proyectiles en la parte superior del muro.
La Puerta de Valencia, ubicada en el lugar de llegada del camino real
de Valencia. Por ella, los viajeros procedentes de la capital o de Xàtiva,
accedían al amplio y empinado “Carrer d’Avall”,
eje principal del núcleo medieval de Albaida. Éste fue
el acceso más importante de los situados extramuros de la villa.
Un paseo por el “raval Jussà” y el “raval
Sobria”, áreas de expansión urbanística fuera
de las murallas de la villa, para ver la configuración de las
calles serán el punto final a la visita de Albaida.